
“La faena será solo tuya si das lactancia materna exclusiva, el papá no te puede ayudar en nada”
Esa fue la frase que me dijo mi cuñada cuando, estando embarazada, comenté que quería optar por la LME. Y me dejó pensando.
¿La faena?
¿Que el papá “ayude”?
Para empezar, nunca he sentido que alimentar a mi bebé sea una faena. Más bien todo lo contrario. Poder ofrecerle el mejor alimento posible, en la cantidad exacta que necesita en cada momento, con la composición perfecta, a la temperatura ideal… proporcionarle anticuerpos y, además, construir con él un vínculo único… no me parece una carga. Me parece algo profundamente maravilloso.
Y si lo miro desde mí, como madre, los beneficios también son muchos: una mejor recuperación en el postparto, prevención de enfermedades, no tener que levantarme a preparar biberones por la noche, evitar esterilizaciones, ahorrar dinero… Si eso es “faena”, sinceramente, bienvenida sea.
Pero entonces surge la gran pregunta:
¿Qué pasa con la pareja?
¿De verdad no puede implicarse?
La pareja no “ayuda”, se implica
Aquí hay algo importante que cambiar: el lenguaje.
La pareja no está para “ayudar”. No es un asistente. Es parte activa de la crianza. Está para estar, para sostener, para asumir su rol y dar un paso adelante.
Porque sí, aunque no pueda dar el pecho, puede hacer muchísimo.
El primer mes: sostener y acompañar
El inicio de la lactancia es intenso. La madre está aprendiendo, adaptándose, recuperándose del parto… y necesita apoyo real.
En esta etapa, la pareja puede:
Asegurarse de que la mamá esté cómoda durante las tomas (postura, temperatura, entorno)
Llevarle al bebé y recogerlo después
Estar pendiente de que tenga agua, comida o cualquier cosa que necesite
Acompañar emocionalmente, validar, escuchar
Y durante la noche:
Cambiar pañales (muy frecuente el primer mes)
Dormir al bebé después de la toma
Estar presente, aunque no alimente
Ese acompañamiento marca una diferencia enorme.
Mucho más allá de la lactancia
La lactancia es solo una parte del cuidado del bebé.
La pareja puede (y debe) implicarse en:
Cambios de pañal
Cambios de ropa
Higiene del bebé
Porteo
Calmar al bebé
Organización del hogar
Tareas domésticas
Todo esto no solo descarga a la madre, sino que fortalece el vínculo entre la pareja y el bebé. Porque el apego no se construye solo alimentando, se construye estando presente en el día a día.
A partir del segundo mes: nuevas dinámicas
Con el paso de las semanas, muchas familias optan por introducir la lactancia en diferido: ofrecer al bebé un biberón de leche materna previamente extraída.
Esto permite:
Que la pareja participe directamente en algunas tomas
Que la madre pueda descansar algunas horas seguidas
Repartir responsabilidades de forma más equilibrada
Y, sobre todo, adaptarse como equipo a las necesidades reales de la familia.
Entonces… ¿es solo “faena de la mamá”?
Después de todo esto, la pregunta se responde sola.
No, la lactancia materna exclusiva no es solo cosa de la madre. Es una experiencia compartida, donde cada uno tiene un papel diferente, pero igual de importante.
La clave no está en quién da el pecho, sino en cómo se construye el acompañamiento alrededor de ese momento.
Porque cuando hay equipo, hay equilibrio.
¿Y tú, cómo te imaginas el rol de la pareja en la lactancia?
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Mercedes Medina
Babyplanner y Project manager especializada en maternidad


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